Historia

La Tierra es un planeta inquieto. Un perpetuo movimiento de placas tectónicas moldea lentamente su fisonomía y de lo que hace 250 millones años era un único supercontinente, Pangea, hoy son sus restos los que dan forma a la superficie terrestre. En ese pausado y continuo proceso de reorganización, parece difícil creer que un pedazo de tierra tan pequeño como Panamá haya tenido un papel fundamental. Para algunos expertos, el surgimiento del istmo de Panamá es el acontecimiento geológico más importante ocurrido en la Tierra después de la extinción de los dinosaurios. Al fin y al cabo, el istmo fue el puente de tierra que terminó de unir el norte y el sur de lo que hoy es el continente americano, generando cambios dramáticos no solo en la ecología de la región y en las características de los océanos, sino también en las corrientes marinas y, por lo tanto, en el clima mundial. En la década de 1980, un grupo de investigadores liderado por el geólogo Anthony Coates, del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI), reunió evidencia suficiente para proponer una teoría sobre el proceso que llevó al levantamiento del istmo, a partir de la formación de un arco volcánico generado por el choque de varias placas tectónicas. Esta teoría señala que hace 15 millones de años Panamá surgió como un archipiélago que tardó otros siete millones de años en extenderse hacia América del Sur; cuatro millones de años después, el istmo ya había emergido quedando apenas unos tres corredores marinos que terminaron de cerrarse hace aproximadamente 3.5 millones de años. De esa forma, Panamá se convirtió en el corredor por el que miles de animales que hasta entonces habían vivido separados, caminaron unos hacia el Norte y otros hacia el Sur, dando inicio a lo que se conoce como “el gran intercambio americano”. La corriente ecuatorial del Atlántico, que antes del surgimiento de Panamá fluía hacia el Pacífico, giró hacia el Norte y dio origen a la corriente del golfo de México, que lleva agua caliente desde los trópicos hacia Europa y evita que los puertos del viejo continente se congelen en invierno. Los científicos piensan que en la corriente del Golfo, cuya humedad atmosférica se evapora y cae en el norte en forma de nieve, se encuentra el origen de las glaciaciones del Ártico de los últimos 2.5 millones de años.

Una historia distinta.  
Mapa de Panama

Demasiada agua, a veces turbia y otras cristalina, tuvo que correr bajo los puentes del Gran Canal desde 1913 hasta 1999, para que Panamá pudiera validar sus pergaminos como Estado independiente, un logro que demandó dos pasos más que complicados: en 1821 proclamó su escisión de España y en 1903 decidió separarse de Colombia. Su gente, aunada hoy en una magnífica simbiosis con turistas de todo el planeta, tuvo que esperar al nuevo milenio para poner pie sin temores en esa franja de aguas calmas y selva, que recorre más de 80 kilómetros para unir dos océanos. Durante décadas, los dominios del Canal, extendidos 5 millas hacia el este y el oeste de sus orillas, fueron un patrimonio estratégico que Estados Unidos cuidaba como su joya más preciada, donde pocos panameños eran admitidos con un permiso especial. Por eso, el promocionado acto oficial, realizado el 26 de junio para inaugurar el Canal Ampliado, se transformó en un acontecimiento de alcance nacional, mezcla de alegría colectiva, afirmación de soberanía y una buena razón para convocar a los extranjeros a indagar en las raíces de esta nación, que fusiona sus bellezas naturales con texturas, colores y contradicciones decididamente latinoamericanos. El lago Gatún ensancha considerablemente el cauce del canal y le aporta un matiz bucólico, sereno a toda hora, un notorio contraste con la atmósfera festiva que por estos días registra Agua Clara, donde los miradores de la nueva esclusa generan una animada romería de panameños y visitantes de todo el mundo. Sin perder el mejor semblante, procuran la mejor posición a los empujones para apuntar sus cámaras hacia los monumentales buques Postpanamax, que ingresan desde el Pacífico con sus cargas de más de 4 mil contenedores. Por el contrario, bajo el aire húmedo y pegajoso que el sol recalienta desde sus primeros brillos de la jornada, el lago Gatún es un resguardo de calma total, una atmósfera relajada capaz de resistir hasta la más feroz de las tormentas. Israel Murillo gira el timón casi sin esforzarse y el barco Aventuras 2000 se desliza a velocidad mínima, trazando rectas y curvas suaves entre islotes reverdecidos por robles, palmas reales, jobos y barrigones, de los que cuelgan flores blancas como copos de algodón a punto de soltarse. En la primera escala, en una bahía copada por las iguanas –cerca de las chozas de paja de la aldea Chagres, poblada por la comunidad originaria emberá–, estallan los sonidos de la fauna y resalta nítidamente el chillido de los tucanes pico arco iris. De a poco, el mono aullador pasa a ocupar el centro de la escena y escoge un ovillo de ramas entrecruzadas con lianas para empezar su repertorio de piruetas y sonidos en manada. El espectáculo obliga al capitán a apagar el motor para no perder detalle y hasta los loros casanga parecen adherir a este momento único silenciando sus voces agudas. Al mismo tiempo, las mariposas dejan de revolotear sobre los troncos mochados, semisumergidos en el lago como fantasmas inmóviles.

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